Caca Wars
Caca Wars: IA

Lord Onti-One

En las sombras del profundísimo espacio

Lord Onti-One observó la diminuta nave que surcaba el vacío. Una mota de polvo arrastrada por el viento solar. Insignificante.

Sorbió ruidosamente la bombilla y recargó el mate con agua caliente. ¿O debería preocuparse? Era apenas una cápsula modelo FIAP-600, incapaz de viajar más que un par de cientos de miles de kilómetros, sí; pero era claro que se dirigía de regreso a la Tierra. Se había separado de la colonia hacía más de 24 horas, de acuerdo con los registros del Arca. ¿Quién iba a bordo? Y, más importante, ¿con qué objetivo?

De mala gana, la figura negra apoyó el termo en el panel de control y movió los dedos enfundados en cuero sobre las luces multicolores. La Mosca se puso en movimiento con un zumbido casi imperceptible. El caza de Lord Onti-One podía alcanzar a la pequeña navecilla en menos de cinco horas. Luego, un simple misil haría el trabajo.

—Mi Lord —chisporroteó la radio— se está alejando de la base. ¿Requiere escolta?

Onti-One levantó la mirada, porque de otra forma no podía ver gran cosa. Hacía meses que le molestaba el nuevo casco, que por muy bonito que fuera, ponía por delante la elegancia en lugar de su usabilidad. La visera era muy larga, y si no torcía la cabeza no podía distinguir nada más allá de sus pies. Suspiró. Por encima de la Mosca, vio la superficie rugosa del asteroide a medida que se desplazaba hacia atrás. La base era una pequeña araña de metal escondida entre los cráteres, casi invisible en la luz distante del sol.

—¿Mi Lord? —insistió la radio.

La Mosca desplegó las alas traslúcidas para absorber la poca energía y aceleró hacia la FIAP-600.

—Negativo —dijo Onti-One—. Voy tras el desertor. No quiero arriesgar la misión.

Para agregar dramatismo, sorbió fuerte la bombilla, procurando que se oyera bien a través de la radio. El sonido podía helar la sangre de sus muchachos, y Onti-One lo sabía.

—Si me permite, señor —la voz llegó temblorosa—, nos ocuparemos nosotros. Enviaremos las Cazadoras.

Las Cazadoras eran naves de asalto más grandes que la Mosca, pero no tan rápidas. Y también tenían forma de insecto. Negras, patudas. Lindas pero incomparables con el glamour de su vehículo, que, además de las cuatro largas alas, lucía una pátina verde iridiscente en el lomo. Hizo ruido con la bombilla, satisfecho.

—No es necesario, sargento. Quiero ver esa nave personalmente.

—¿Cree que puede ser peligroso para la misión, mi Lord?

—Nadie debe saber que el Arca y las demás naves se encaminan a su destrucción. Si hay alguien vivo en ese pequeño transporte, debemos detenerlo. Pero —Onti-One chupó aire, malogrando el efecto— antes de hacerlo desaparecer, quiero interrogar al piloto.

La figura negra apartó la capa de hule, que también era fantástica y le daba un aspecto aterrador, pero le dificultaba mirar de soslayo. A través del espejito retrovisor de la Mosca vio el asteroide alejándose. En el espacio es difícil percibir el movimiento sin puntos de referencia. En realidad, es peor porque los espejos tienden a no reflejar nada.

—Fuera, sargento —dijo, pero la radio chisporroteó como alarmada.

—¡Mi Lord —llamó la voz del sargento—, hay un problema!

—¿Qué onda, vo?

—Me informan que la Nave Sopapa ha sido destruida como estaba previsto, pero…

Hubo un silencio. El famoso silencio de radio, que le dicen.

—¡Informe, sargento! —se impacientó Onti-One, mirando de nuevo por el espejito retrovisor. No es que fuera a ver al sargento, y se maldijo por dentro.

—Mi Lord, hubo un efecto inesperado. La Nave Sopapa estaba repleta de… bueno, ya sabe. La Generala Lolita la hizo estallar como usted indicó, sólo que los sanitarios salieron despedidos, en su mayoría intactos. Reportan que forman una nube, o estela, que abarca un radio de diez mil kilómetros y sigue expandiéndose.

—Hmmm. OK… ¿y cuál es el problema, sargento?

La voz sonaba trémula.

—La nave FIAP va directamente hacia la nube, señor.

Lord Onti-One se paralizó, con el mate a medio llenar. ¿Sería ese el objetivo del fugitivo? ¿Cómo podría saber del robo de la Nave Sopapa? Por un momento, perdió la compostura y se volcó agua caliente en las piernas.

—¡Que lo parió!

—¿Mi Lord?

—Ehmm… ¿Lolita sigue en el sector de la explosión?

—Sí, mi señor.

—Ella está más cerca que yo. Nadie debe saber lo que ha pasado, sargento. Ordénele interceptar al fugitivo y destruirlo de inmediato.

Lord Onti-One sorbió la bombilla lo más fuerte que pudo.

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